08 October 2016

Traces and Odradek Records in Weckmesser, by Pedro González Mira

No apto para dinosaurios

Hacer discos hoy se convierte en singularidad en el mundo de la música clásica. Tras unas décadas de tremenda inflación (abuso, diría) discográfica, este mercado se ha hundido en la miseria. Pero atención: es el mercado quien se ha hundido, no la música, ni la producción musical. Ni siquiera la gestión de la cultura musical. Es el mercado, con todo lo que incluye tal cosa, es decir, fundamentalmente las formas, no el concepto. El tal mercado (de discos, pero la idea se puede ampliar) se convirtió en un momento determinado en una especie de gran vaca lechera, que fue creciendo y creciendo de manera insostenible hasta que reventó. Y como además tal reventón estructural coincidió con la aparición del ´todo gratis´ para todos que es ese invento tan maravilloso como pernicioso para el negocio clásico llamado Internet, la muerte del disco estaba servida. O no. Desde luego absolutamente si las multinacionales no cambiaban radicalmente de política, de ideas, de maneras, de patrón… No lo hicieron; es decir, prefirieron morir. Allá ellas.

Así las cosas, la única esperanza para que esto no vaya a peor (si cabe) es que la iniciativa emprendedora de los jóvenes y nuevos, de los que están dispuestos a inventar para cambiar, efectivamente hagan algo nuevo que ilusione por su novedad, aunque sin perder los orígenes: la música clásica es la música clásica, y no un patio de gallinas en el que quepan todas las ´fusiones- habidas y por haber. En este contexto nace el sello Odradek (nombre de un relato corto de Kafka), una experiencia que merece la pena ser relatada en detalle por su increíble naturaleza: una marca que hace discos a partir de unos mecanismos de elección de sus artistas que si no son totalmente objetivos se aproximan bastante a la imparcialidad. Se trata de una cooperativa formada por músicos que escogen a través de audiciones ´ciegas´ a los intérpretes que se presentan con su proyecto de grabación –o grabación propiamente- bajo el brazo. Si el proyecto y su artista son aceptados, se comercializa la grabación, y el ´aceptado´ pasa  a formar parte de la cooperativa, lo que le valdrá el derecho de participar en las próximas elecciones. Una vez enjugados los gastos de producción y distribución del disco, los siguientes ingresos van directamente al bolsillo del intérprete. Fácil, ¿no? Pura democracia asamblearia, ¿no?  Bueno; el tiempo dirá.

Pues bien; el pianista canario Javier Negrín se presentó a ese jurado ´ciego´ (ver plataforma anonymuze.com) con un proyecto sobre los Preludios de Scriabin, materializado luego en la grabación que ya conocemos (ODRC D 305), mediante la cual pasó a engrosar el ya dilatado número de intérpretes-cooperativistas, uno 40 nombres aproximadamente. Y ahora presenta ya su segunda grabación, con piezas de Granados y Mompou, disco objeto de este comentario. El disco se compone de dos piezas, una que podemos considerar de repertorio porque es bastante conocida, las Goyescas, de Enrique Granados, y otra de menor difusión, casi una rareza de Frederic Mompou, las Variaciones sobre un tema de Chopin, concretamente el Preludio op.28/7 en La mayor del polaco. Y dice Negrín que ha hecho tal juntura buscando no reminiscencias sino inspiraciones y complicidades: Goya y Chopin en cada caso. Es plausible. Como lo sería cualquier otra combinación basada en cualquier otra idea, con tal de alcanzar un resultado final, musical,  exitoso. ¿Ha sido así?

Sorprende que tenga que ser un pianista que todavía no ha cumplido los 40, o lo que es lo mismo un pianista joven (hay que recalcarlo: nos hemos vuelto un poco locos entre tanto jovencísimo aporreador de teclados), quien ponga un poco de sosiego e intimidad en una música que, si bien parece pedirlo abiertamente, aparece casi siempre llevada a un terreno pianístico más musculoso y tenso. Es una tradición que se sigue al pie de la letra desde que Alicia la maestra la dejara establecida desde su inalcanzable cátedra. Negrín es un pianista al que parece le va más el claroscuro que la épica, y desde ese ángulo toca estas Goyescas, en las que quizá aquí o allá echemos en falta algo más de vuelo melódico o un fraseo menos uniforme.  Son sin duda asuntos menores si nos centramos en las ideas motrices, magníficamente defendidas desde un pianismo de estupenda traza técnica y extrema seguridad. Lo mismo le sucede a Negrin con su Mompou, aunque quizás aquí esas maneras estén más justificadas y por consiguiente admitan menos discusión: el canario se siente muy a gusto, yo diría que particularmente a gusto, en ese mundo de tenues colores que define la maravillosa síntesis entre impresionismo decimonónico y modernidad  que es la música de Mompou.

En conclusión, hay unas cuantas razones para conocer este disco. Que recomendaría más a mentes inquietas y curiosas que a dinosaurios de la escucha. Pedro González Mira

01 – Toshio Hosokawa – Spell song (2015) for soprano saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  1. 01 – Toshio Hosokawa – Spell song (2015) for soprano saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  2. 02 – Kenji Sakai – Initial S (2010) for alto saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  3. 03 – Akira Nishimura – Water Shadows (2011) for alto saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  4. 04 – Dai Fujikura – SAKANA (2008) for tenor saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  5. 05 – Yuji Takahashi – Embers (2009) for baritone saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  6. 06 – Yoichi Sugiyama – Smoking Prohibited A Bay Street Ballade (2015) for baritone saxophone // Masanori Oishi - SMOKE
  7. 07 – Ichiro Nodaira – Solitaire (2013) for alto saxophone // Masanori Oishi - SMOKE